Pasó en Mijas


Pasó en Mijas (Viernes, 18 de julio de 2014)



Escondidas entre casas blancas, más casas blancas. Como bajo el agua de sus negras playas, más agua. Así se encuentra Mijas, un precioso pueblo malagueño.
            Y así se encuentra, sin majestuosidad alguna, sin pomposidad ninguna, sin galanterías pedantes, la casa museo de Mijas. Que no necesita nada que no tenga, que nada tiene de ostentación barata, pues el encanto lo lleva entre sus blancos muros, y no en grandilocuente palacio de nobleza rica, sino en forma de historia y humilde belleza. Un lugar precioso. Con esencia. Y punto.

Y así comienza el dúo de eventos en los que nos sitúa esta breve crónica.
            Una esplendorosa y radiante sábana blanca extendía sus pliegues en un balcón formado por las pardas y secas laderas de una montaña latente por el calor del sol, que amenazaba con despertar al fin de su sopor ardiente diurno, en cuanto la sombra de su propio cuerpo dejase entrar la leve, levísima brisa que trae templado frescor del mar.
Y fresca lucía, como la recordaba yo de otras ocasiones, Dama Beltrán, quien montada en un burro de bronce, daba el toque escandaloso a la escena que plasmaba en fotografía, la hasta entonces para mí, desconocida Almudena Gamonoso.


Rafael Velázquez, colgado de su teléfono, ultimaba quien sabe qué aspectos, puede que del evento, quedasen por ultimar, más al verme, no dio más importancia al aparato que a la persona, demostrando la educación de la que hace gala. Después de conocernos, continuó con sus quehaceres.
Y así la primera toma de contacto con mis compañeros.
La segunda incluyó a María González Pineda, Marcos Antonio López y una ronda de cervezas. 
La primera. 





Más tarde, ya dentro del precioso cajón que conformaba un bello y pequeño patio, tuve en mis manos el honor de admirar cada una de las obras, maravillosas todas.




La presentación comenzó tarde, más sobre la hora oficial, pues los medios de comunicación se presentaron justo a dicha hora, por lo que la retrasaron en su afán de recoger el evento.
No demasiada afluencia, pero entregada. Presentación de obras, unas amenas, otras intensas, y todas interesantes.
Primero fue Rafael, quien nos presentó y fue dando paso a cada uno/a de nosotros/as, tras hacer gala de su altruismo al posponer la atención hacia su libro “Los besos comprados”, para dar protagonismo a los nuestros. (Gracias de nuevo, Rafael)
Después, presentó María, con su “Con el corazón de Eva”. Sencilla, humilde y concisa.
Almudena Gamonoso fue encantadora, agradable y escueta, clara y algo tímida, presentando su "El conejo de la suerte". Encantadora, repito.
A continuación, Marcos nos explicó el contenido de su obra “Maqueronte Año 2030. El Principio Del Fin”, de forma extensa, intensa e incisiva. Como es él.
Más tarde me tocó a mí, con mi “Borrador de un libro en blanco”.
Finalizó Dama con “Ven a mí”, como siempre; simpática y algo alocada. Muy equilibrada y atractiva en su hablar.
Al terminar la presentación, un poco espesa a veces (todo hay que decirlo), el público se lanzó a las preguntas, animando el ambiente y dándole más interés, si cabe. 
Recogida de manuscritos, y a cenar.
Qué bien se cena con buena comida y gran compañía, y no solo me refiero a los/as escritores/as, sino al resto de las personas que nos acompañaron y que huelgo nombrar, por su intimidad. A todos/as ellos/as, gracias.
¿Lo mejor?: La gente. 
¿Lo peor?: Los/as que no pudieron acudir, para así completar la familia que  la gran Editorial Universo se esfuerza en conformar. Editorial a la que he de agradecer mi participación.
Más tarde, cada uno/a a descansar para el día siguiente, que nos esperaba Coín y su “Noche al raso”.
Y esto será para otro ratín.

 Texto: Toño Diez. 
 Fotos: Autores/as del evento.