Cronica de un evento en Murcia y Cataluña



Cronica de un evento


De la misma forma que cuando se sube a una montaña se descubre que esa es la única forma de observar el paisaje en todo su esplendor, solo dejando pasar el tiempo se puede valorar el pasado, con todos sus matices, colores, olores y sentimientos.
En realidad es la falta de tiempo lo que me ha obligado a posponer una semana esta crónica, pero sin duda prefiero adoptar la otra teoría, ya que ofrece un atractivo extra a la tardanza.
Sin embargo no deja de tener valor por falsa, ya que pasado este tiempo, consigo rumiar lo vivido para adentrarme más en lo importante. Gracias a ello, saboreo y profundizo lo sentido, las impresiones recibidas, sin contaminación de las emociones momentáneas.
Además, los «coletazos» como mensajes y conversaciones posteriores, añaden un extra inesperado a lo sucedido.
Disculpas y mentirijillas aparte, paso a relatar lo acontecido:
Tal día como el viernes, veinticinco de abril, tuve la inmensa fortuna de conocer de nuevo la risueña y fuerte personalidad de Cristina Caviedes, fortuna que se alargó por todos esos días. Su fácil y estridente risa, adornaron cada uno de los segundos que duró el viaje y yo permanecí en su cercana compañía.
Primeramente, y después de pasar media docena de veces (quizá exagere un poco, pero para cuando no llegue) por el estadio Nueva Condomina, buscar calles inexistentes y certificar que en Murcia hay casas por todas partes, arribamos por fin a los pies de una Gran Dama, que coincidiendo con su nombre, Dama Beltrán, supo esperar un gran rato nuestra llegada a la estación de autobuses, haciendo sus negocios de promoción de su obra «Laberintos de engaños», entre viajeros/as y taxistas.

          Mi primera impresión al conocerla, vestida con su llamativa camisa fucsia, y cubriendo elegantemente su cuello con un pañuelo a juego con las medias, de igual color que la camisa pero más oscuro, una ajustada falda negra, y unos zapatos de tacón que perfectamente podrían servir para asesinar al mismísimo Arnol Suarseneguer, fue la misma que se repitió durante el resto del viaje. Y eso dice mucho de ella, ya que advirtiéndonos de que no la hiciéramos reír demasiado, destiló una sinceridad cristalina, y una normalidad y cercanía casi insultante, y que ella misma trataba constantemente de demostrar, quizá por miedo a su propia imagen, quizá por miedo a perderla.

En fin, una gran persona, y una gran escritora.

Con ella pusimos rumbo a San Pedro del Pinatar, lugar de la primera presentación y donde conocí por fin a quien una vez fue mi pareja literaria, y con quien espero coincidir en otra, Francisco Sánchez Lizón.
También tuve el gustazo de conocer a la guapísima Sonia Córdoba y al simpático Alberto Valverde. La primera con sonrientes y preciosos ojos, y Alberto con amabilidad y cercanía infinitas, nos deleitaron, atropellándose a veces (Alberto habla mucho, aunque muy bien), presentándonos su «Hijos  de Alcant», interesante y gruesa obra.
Francisco Sánchez nos presentó su flamante «En los ojos del erizo», convenciendo de su calidad.
No sin razón, me recriminaron una vez mi falta de intervención, pero ciertamente consideraba mucho más interesante lo que con frescura y humor comentaba Dama Beltrán sobre su «Laberinto de Engaños», y el resto de mis compañeros de sus respectivas obras, que lo que tenía yo por decir.
En definitiva, fue interesante y constructivo el acto, sin duda, donde la anécdota fue una mano, un pecho, una concejala y una Dama. Ahí lo dejo.

Acabado este y a eso de las doce, pusimos rumbo a Barcelona, donde llegamos sobre las seis de la madrugada, tras un largo viaje amenizado por la dudosa calidad de una música que, afortunadamente, casi no se escuchaba.
A esas horas se presupone que el cansancio impedirá el disfrute de los placeres, sin embargo lo fue el conocer a quienes nos esperaban despiertos: Maialen Alonso, noctámbula, bella, enigmática y tímida; Carlos Rodón, extrovertido, organizado, sincero y amable; Y Gabriel Romero de Ávila, entusiasta, abierto, algo exagerado y sensible. Quizá había alguien más, pero a esas horas no tardé en ir a dormir.
Al día siguiente conocí el resto de la tropa: Laura, algo tímida en un principio, sencilla. De esas personas que no esconden, pero tampoco muestran lo que valen, lo que tienen, hasta que no se lo pides o lo mereces. Mucho más guapa que Carlos (primera frase que escuché sobre ella al conocerla, y con la que estoy plenamente de acuerdo); D.W.Nichols, reservada pero agradable en un principio, interesante y encantadora siempre. También tuve el placer de conocer a su guapísima hija Ariadna. Poco hablé con ella, pero como todos/as, encantadora y cordial, y guapísima (repito). Por supuesto.
Tras una caminata que nos llevó hasta la bella Black Mask Llibreria,
lugar de la presentación, y a la que llegamos en gran parte
gracias a Carlos (a quien seguíamos como patitos detrás mamá pato), y después de sorprendernos por la habilidad de Dama Beltrán con sus enormes tacones, repusimos fuerzas en el mejor de los restaurantes de comida basura de Barcelona. Y fue estupendo.
Sorprendentemente, mi ensalada sabía a ensalada.
Fue después cuando conocí a un sobrio, silencioso pero interesante Ricard Millás. Más tarde tuve la oportunidad de conocerlo un poco más a fondo.
También pude conocer a un locuaz, abierto y gracioso Antonio Sánchez Vázquez y su encantadora esposa y graciosa y preciosa hija.
Athena Martínez resultó un poco esquiva, pero acabamos coincidiendo en autopresentarnos.
La presentación fue genial. La librería Black Mask se llenó de personas, yo llegué tarde y puse como excusa estar tomándome un orujo, y Dama «acarició» sonoramente el hombro de Alberto.

Todo lo demás transcurrió con una armonía y una tranquilidad prefecta.
Carlos Rodón, Laura López, D.W.Nichols y Ricard Millás presentaron su preciosa obra «Como matar a…». Y digo preciosa porque lo es, conjugando ilustraciones, relatos e incluso cómic, logrando una atmosfera realmente atrayente.
Por su parte, la guapísima Maialen Alonso, presentó con su encantadora timidez su también bella obra titulada «Flor del crepúsculo», donde imprime la sensibilidad que le caracteriza y su profesionalidad ilustradora (ella se encargó de mi portada).
Athena Martínez se desenvolvió perfectamente en lo que era la primera presentación de su novela romántica «Diamantes en el cielo».
Por otra parte, Ricard Millás nos explicó sobre la nueva editorial de su creación Sven Jorgensen, así como su libro «La hamburguesa humana».
El magnífico Gabriel Romero de Ávila, con su innegable simpatía, habló de su «Nilidiam» de forma clara y atrayente.
Conocimos a Francisco Molina, quien nos informó de su próxima incorporación al equipo Universo. Un buen tipo, sin duda.


Después, turno de preguntas, flores para Maialen, fotos… y a por alguna cerveza. Unos bocadillos que se hicieron de rogar servidos por un camarero sin gota de sed, y a la cama.
Amanece.
Toño se olvida la mochila después de cerrar. Carlos Rodón, como con todo, se hace cargo de la emergencia, y la chica de la limpieza lo soluciona con sus llaves.
A Gerona. Llegamos tarde, hay que ir deprisa… «Demasiado deprisa» murmuramos entre Ricard y yo. «Demasiado apretados» piensa Maialen con la cabeza fuera de la ventanilla. Llegamos a tiempo.
¿La librería? Bonita, pero sin una sola publicidad del evento, por lo que la asistencia es reducida. De todas formas, comemos allí, ya que era también restaurante.
Lo más característico e interesante de este evento, la comida. Y sobre todo, los/as comensales… casi todos, porque sentarse frente a alguien que te bombardea con bolitas de papel mientras comes, no es agradable (exagero, todas/os fueron estupendos).
Poco más tarde, cada uno/a a su casa. Unos/as en avión, otros en coche y otros aguantando música.
Esto es todo, y  no es poco, de lo acontecido por el menda, quien se queda con lo mejor que alguien puede desear: la gente que conocí.
Palabras mágicas: San Pancracio Marrón, besamelaeme ¿Alguna más?

 Texto: Toño Diez. 
 Fotos: Autores/as del evento.